Con la práctica deliberada, en cambio, el objetivo no es meramente alcanzar nuestro potencial, sino crearlo, hacer posibles cosas que no eran posibles antes. Ello requiere desafiar la homeostasis, salir de nuestra zona de confort y forzar a nuestro cerebro o a nuestro cuerpo a adaptarse. Pero, cuando se hace eso, el aprendizaje ya no es solo una forma de cumplir con una especie de destino genético, sino que se convierte en un modo de tomar el control de nuestra vida y configurar nuestro potencial de las formas que elijamos.

Anders Ericsson, Robert Pool, Número uno: Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos