Pero hay algo muy importante que entender aquí: una vez que hemos alcanzado ese nivel de destreza satisfactorio y hemos automatizado nuestra ejecución, habremos dejado de mejorar. La gente suele malinterpretar este aspecto porque supone que el mero hecho de seguir conduciendo, o jugando al tenis, u horneando pasteles, es una forma de práctica, y que, si seguimos haciéndolo, estamos destinados a ser mejores en ello; puede que despacio, pero mejores al fin. Suponen que alguien que lleva veinte años conduciendo tiene que ser mejor conductor que alguien que lleva cinco; que un médico que lleva veinte años practicando la medicina tiene que ser mejor que otro que lleva cinco; que un maestro que lleva enseñando veinte años tiene que ser mejor que uno que lleva cinco.
La investigación ha mostrado que, en términos generales, una vez que una persona alcanza ese nivel de ejecución y automatismo «aceptable», los años de práctica adicionales no conducen a una mejora. Al contrario, es probable que el médico, el profesor o el conductor que llevan veinte años en lo suyo sean un poquito peores que los que llevan solo cinco, y la razón de ello es que esas habilidades automatizadas se deterioran gradualmente en ausencia de esfuerzos deliberados para mejorar.

Anders Ericsson, Robert Pool, Número uno: Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos