Tenemos una cierta idea de lo que, en principio, es pensar bien:

Tener claro en el comienzo el propósito, el tema o la cuestión a propósito de la cual necesitamos o queremos pensar.

Mantenerse centrado en el propósito inicialmente fijado, de modo que se tenga la sensación de que somos nosotros los que dominamos ese proceso y no al contrario.

Terminar el ejercicio con un resultado que nos dé sensación y constancia de haber avanzado. Nos referimos a que hayamos obtenido un valor añadido.

Una cierta sensación de tranquilidad y acuerdo con las conclusiones a las que hemos llegado.

Dicho de manera resumida: saber lo que uno quiere, no perderse en el camino y avanzar en el buen sentido. Y como consecuencia, una cierta sensación de paz.

Eugenio Ibarzabal, Piensa bien y acertarás