El arte de no amargarse la vida

Rafael Santandreu

 

La comodidad es el principal fetiche de nuestra sociedad occidental. No tiene esos poderes que nos intentan vender y es tan sólo un muñeco de madera pintado con colores centelleantes, pero que apenas nos ayuda en nuestro camino de la felicidad. Si le damos demasiada importancia a la comodidad vamos a ser muy infelices. A la comodidad en cualquiera de sus formas: gozar de más tranquilidad, silencio, limpieza, descanso, etc. , porque: 1. La comodidad no es tan importante, esto es, no da la felicidad. 2. La comodidad viene y va. Es así, es inevitable. 3. Un exceso de comodidad es incompatible con el disfrute activo de la vida.
La persona madura sabe que la única forma de disfrutar de los bienes de la vida es estar dispuesto a perderlos. De lo contrario, la tensión inherente a la posibilidad de perderlos es demasiado grande. Sólo podemos disfrutar de lo que podemos prescindir.
Otra de las obligaciones que nos inventamos es la de ayudar, aconsejar o ser paño de lágrimas de los familiares, pero olvidamos que nadie puede hacer feliz a nadie. La felicidad es un estado mental en el que sólo uno mismo puede entrar y que no depende de tener más o menos problemas.
¿Por qué es importante no quejarse? Porque al quejarnos, solemos exagerar y terribilizar..., y ello centra nuestra atención en lo que no funciona de la pareja y olvidamos lo que sí funciona. Nos hacemos desgraciados a nosotros mismos porque, en ese momento, "necesitamos" que la cosa cambie, nos convencemos de que así no podemos seguir. Pero la segunda razón para no quejarnos es que cuando lo hacemos, paradójicamente, ¡Hacemos que el cambio sea más difícil! Se trata de un extraño fenómeno de psicología inversa. Al quejarnos perdemos influencia en la otra persona porque le exigimos el cambio terribilizando. Sin embargo, si le quitamos relevancia, aunque parezca increíble nuestra pareja nos pr...
Tener tolerancia a la frustración es una de las habilidades esenciales de las personas. La tolerancia a la frustración nos permite disfrutar más de la vida, ya que no perdemos el tiempo amargándonos por las cosas que no funcionan.