Leonardo da Vinci: La biografía

Walter Isaacson

 

Cuando veía la luz del sol sobre las cortinas, me obligaba a contemplar con detenimiento la forma en que las sombras acariciaban los pliegues. Trataba de percibir cómo la luz que reflejaba un objeto coloreaba de un modo sutil las sombras de otro. Notaba cómo se desplazaba el brillo de un punto reluciente sobre una superficie lisa al inclinar la cabeza. Cuando veía un árbol situado a lo lejos y otro más cerca intentaba visualizar las líneas de perspectiva. Cuando veía un remolino de agua, lo comparaba con un rizo. Cuando no podía entender un concepto matemático, hacía lo posible por proyectarlo mentalmente. Cuando veía a los asistentes a una cena, estudiaba la relación de sus movimientos con ...
En realidad el genio de Leonardo era humano, forjado por su propia voluntad y ambición, y, a diferencia de Newton o Einstein, no se debía al don divino de una mente con una capacidad de procesar información que los simples mortales no entendemos. Leonardo casi no tuvo estudios y apenas sabía leer en latín o hacer divisiones complicadas. Su genio era de una clase que entendemos y que incluso nos sirve de ejemplo. Se basaba en habilidades que podemos aspirar a mejorar en nosotros mismos, como la curiosidad y unas enormes dotes de observación. Poseía una imaginación agudísima, que lindaba con la fantasía, una cualidad que podemos tratar de preservar en nosotros y de cultivar en nuestros hijos.