Meditaciones

Marco Aurelio

 

Acostúmbrate a coordinar tus pensamientos de tal modo que si de súbito te hicieran esta pregunta: «¿En qué piensas?», pudieras contestar inmediatamente y con toda franqueza: «Pienso esto o aquello», de suerte que por tu respuesta se viera enseguida que todo en ti es sencillez, bondad, que eres digno de vivir con tus semejantes, indiferente a los placeres y, en general, a todo lo que halaga los sentidos, exento de odio, de envidia, de rastrera desconfianza y, en fin, de todas aquellas pasiones que te sonrojarían de vergüenza si llegaras a afirmar que existían en el fondo de tu corazón
Comenzar el día diciéndose: hoy encontraré sin duda a un indiscreto, un desagradecido, un insolente, un traidor, un envidioso y un egoísta. Son así porque no saben qué es el bien o el mal. Pero yo conozco que la belleza es el bien y la vergüenza el mal, y que quien yerra es inteligente y participa de lo divino como yo. Por eso nadie me puede cubrir de vergüenza y, por tanto, tampoco hacerme daño. Me es imposible, pues, enfadarme u odiar a mi semejante, porque todos nacemos para colaborar, igual que los dos pies, las dos manos, los dos párpados y los dientes superiores e inferiores. Va contra la naturaleza enfrentarse unos con otros, y enfrentarse también es enfurecerse y darse la vuelta
Juicio objetivo, ahora en este momento. Acción desinteresada, ahora en este momento. Aceptación voluntaria, ahora en este momento. Eso es todo lo que necesitas.
Nuestras acciones pueden ser impedidas, pero no se pueden impedir nuestras intenciones ni nuestras disposiciones. Porque podemos acomodarnos y adaptarnos. La mente adapta y convierte a sus propios propósitos los obstáculos a nuestros actos.